jueves, 26 de septiembre de 2013

…Risto Mejide y Christian Gálvez, dos tipos con mucho ¡TALENTO!


 

Feria del Libro de Madrid, 2013.

No sé si a vosotros os sucede lo que a mí, no es que yo viaje mucho, a decir verdad lo hago más bien poco y esas pocas veces, acostumbro a hacer algo de forma totalmente consciente y premeditada, que es perderme por los lugares que visito. Siempre he sido de la idea de que no hay mejor fórmula para conocer un lugar, que perderse primero, dejarse llevar después, para finalmente reencontrarse más tarde. Eso me ofrece descubrir durante ese trayecto el destino muchísimo mejor, o al menos, así me lo parece a mí. Total de no reencontrarte si acabas perdido o desorientado, siempre puedes recurrir a un taxi y que te lleve de nuevo al punto de partida (es una opción). A veces sin embargo intento programar de antemano, algo que en ocasiones es como tentar al destino, ese 'eterno juguetón' que para bien o mal, modifica todo a su libre antojo, y otras directamente no dudaría en llamarlo: el destino, ese 'jodido cabrón' capaz de llevar al traste la mayor y escrupulosa organización.

¿Quién no ha tenido en alguna ocasión dicha sensación?

Que a mí se me pueda ir un plan a pique tampoco tiene mayor trascendencia dado que me ha sucedido bastante a menudo a lo largo de mi vida, más recientemente en algo que pueda resultar de lo más trivial, exactamente en la pasada - Feria del Libro de Madrid - pues aun intentando no dejar demasiado al azar y programando las cosas que me apetecían hacer y las personas a las que tenía cierto interés en conocer; el que me acercara hacia la capital desde 700kms más allá y teniendo en cuenta la hora de llegada del tren, además de sumar que posteriormente debía pasar a dejar mi maleta, pues cargar con ella a lo largo del parque del Retiro se me antojaba de lo más incómodo, fueron motivos que se aliaron convirtiéndose en cómplices de que finalmente yo llegara tarde a la firma que llevaba a cabo alguien que me apetecía y mucho conocer, me refiero a Risto Mejide.
Yo lo había programado de antemano, sí, y sabía dónde encontrarle, también, (y aunque por zona - Barcelona - me quede mucho más cercana) esa oportunidad de verle ahí en la Feria se me brindaba cómo más factible, sin embargo al igual que me sucedió con algún otro, llegué tarde. 
Qué lástima pensé.

Sé que para muchos Risto, así sin paños calientes, es un cafre. Alguien capaz de provocar la más molesta de las urticarias además de una insoportable acidez ¡vamos! un tipo de lo más encantador que solo verlo, se te indigesta. Bueno, ¡qué decir! no cabe la menor duda de que él es así, no es ningún secreto de estado que despierta una mezcla de: amor-odio, en muchas ocasiones siendo honestos la balanza se decanta hacia el lado del odio (un sentimiento que yo tengo descatalogado, en la sección de pérdida de tiempo, pero allá cada cuál) y en eso, no sé en que grado influye el que sea catalán, o sencillamente se resuma en que es directamente un tocapelotas habitual, pero de lo que no cabe la menor duda es que posee una innata habilidad, de la que no hace falta decir más pues ya todos lo conocéis sobradamente bien (al menos televisivamente hablando).
Sin embargo a mí, que intento mirar más allá, y al igual que otros muchos, pues solo tenéis que ver su número de seguidores en redes sociales, me tiene totalmente fascinada, sí, dije: FASCINADA (tampoco descarto que quizá yo sea una de esas mujeres… de fácil fascinación) y a banda de los muchos sentimientos negativos que enumeré antes y que está claro causa, yo creo que se trata de un tipo brillante.

¿Qué, no me crees? Pues léete alguno de sus artículos y constata que así es.

Lo cierto es que tras leerle suelo pensar que no va a poder sorprenderme más y entonces a la semana siguiente, ¡qué cabrón! Lo hace de nuevo. Una vez más se supera y con ello aumenta mi admiración hacia él.

Decir algo así de alguien que está claro que tiene a su vez un gran número de detractores, puede resultar hasta peligroso, pero creo que muchos de ellos, leer, leen más bien poco y por supuesto voy a seguir mi máxima y es que: “me da lo mismo, que lo mismo  me da.”

Por eso me permito decir también que estoy totalmente convencida que apenas unos minutos de charla con él, hubieran sido muchísimo más fructíferos que gran parte de la EGB (Educación General Básica) que cursé; claro que este apunte proviniendo de una zurda que estudió en colegio de monjas, a priori, no parece muy creíble y delate mi poca estima hacia ese ‘colectivo religioso’, más preocupado en la época de que hiciera ganchillo con la diestra, ¡muy útil, si lo mencionas en el CV! A que me formara y adquiriera muchos otros conocimientos, ¿más importantes? No os quepa la menor duda. Sin embargo una de ellas quiso convertir ese detalle, en su propia cruzada y mi mano izquierda pasó a ser su gran enemiga.
Después llegó otro religioso, otro gran aliado suyo, un lobo con piel de cordero, haciéndose pasar por educador y al que también tuve el infortunio de conocer, pues lamentablemente para mí, ellos sostuvieron entre sus manos algunas de las decisiones importantes de mi vida estudiantil; y no me malinterpretéis (ya os dije que el odio lo tengo descatalogado) además no voy a ser tan desagradecida, ni corta de miras de acusarles únicamente a ellos, por supuesto, yo tuve un tanto por ciento muy alto de culpa, que unido a lo poco consciente que era por entonces, producto posiblemente de mi corta edad, esa que te da no saber lo que realmente quieres hacer con tu vida, para necesitar llegar a puertas de los cuarenta y entonces descubrir, lo que siempre había estado ahí; mi pasión por escribir, que aun a pesar de esas carencias y de la ignorancia que conlleva no ser siquiera licenciada en nada, me avalan unos cuantos escritos y un par de libros hasta la fecha. Y mal pese a alguna, aquí sigue aquella zoqueta (otra bonita manera que utilizaban para definirme) sin complejos, y venerando al que para muchos no es otro que ese demonio de Risto, pero yo sencillamente sólo puedo decirle:  

¡Gracias!

Porque voy aprendiendo a dejar de escuchar a mediocres que nada me enseñaron y con demasiados consejos gratuitos, que no recuerdo haberles pedido, para únicamente nutrirme de aquellos que realmente merecen la pena, y aunque yo voy a seguir cometiendo errores, tanto o más que entonces, agradezco que por algún motivo aún sin entender muy bien por qué, ya sea fruto de la curiosidad, o de ese afán aventurero que ha permanecido en mí a pesar de todo ello, me centre en escuchar y leer a tipos que cómo él tienen mucho que decir…

Dije al principio, que fue una desilusión no llegar a encontrarlo ese día, sin embargo, cómo dicen: ‘las mejores cosas, suceden, cuanto menos las planeas’ así que allí en la Feria del Libro me dí de bruces, de sopetón, inesperadamente con alguien que anteriormente no había previsto, y allí estaba, un simpático y entregado Christian Gálvez, que firmaba junto a su eterna sonrisa, su último libro:

Tienes Talento

Charlamos un rato, pues es alguien que se presta a ello y su actitud te invita a acercarte a él, qué decir que me sorprendió gratamente y apenas tardé unos segundos en darme cuenta que adquirir su libro había sido una gran idea, más allá de lo que pudiera encontrar después en sus páginas.
Recuerdo además que fue algo a lo que hizo referencia, sobre que ambos nos dedicáramos a escribir, aunque con la diferencia de que él condujera sendos programas de éxito en televisión y que quizá le daba sin duda, una visibilidad, que desde luego no cabe decir que yo no tengo, pero su reflexión posterior a eso, me pareció de lo más acertada y al instante supe que iba a valer la pena leerle.

Así que recomiendo que os lo leáis, más allá de que os sirva, os conciencie, os anime, os enseñe, os muestre o inclusive os recuerde algunas cosas que quizá ya sabíais u otras que seguramente no, simplemente, lo resumiré en que:

< Leerlo, creedme, no os va a hacer ningún daño >.

Después decidiréis que hacer con toda esa información, que puede ser sencillamente no hacer nada, es una opción tan lícita como otra cualquiera, por supuesto. Pero más allá de eso, os acercará a sus experiencias que no son pocas (a pesar de su edad) en el medio en el que tan bien se mueve, abriéndoos las puertas además a conocer a alguien cómo: Leonardo da Vinci que de otra manera quizá no os lo hubierais ni planteado.
Ahora sé también que Leonardo y yo, nacimos ambos bajo el mismo signo y aunque algunos dicen que era ambidiestro, otros afirman sin embargo que era zurdo, y más allá de que al igual que él yo pudiera poseer o no, TALENTO, debo decir que con este libro algo se me ha despertado y me ha servido para reafirmarme en que la perseverancia es una buena aliada cuando se trata de alcanzar algo y que el éxito llega, no para el que sabe esperar, sino para el que va en su busca; por el momento mi éxito es amar lo que hago y seguir construyéndolo para conseguir resultados.

Gracias Christian, por este libro y por tu dedicatoria: 
…‘Has nombrado curiosidad, más perseverancia. Será que tienes parte de GENIO’.


Eso, no lo sé, pero de lo que estoy segura es de ser alguien que se fascina con personas como Risto o Christian, e intento impregnarme, aprender, descubrir, vivir…y por supuesto tratar de convertir mis sueños, en realidad.   


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